Le vamos a mostrar, dice el periodista, de lo que es capaz el amor. La mujer recibió cinco balazos de su celoso marido, que luego intentó suicidarse, y no pasó ni lo uno ni lo otro.
El periodista , en un primer plano, imprime un botón, es una casa de barrio con su infaltable reja, al fondo una puerta que se abre y aparece ante nosotros la dama de la historia.
-Pase dice y entramos a la casa.
Es morena gorda y de pelo cortito, ninguna belleza, a mi entender.
Se sientan junto a la mesa
-Cuentenos
-Bueno fué un tema de celos, no sé, le dijeron al chino que yo andaba con un remisero. Se puso como loco.
-Entonces?
-Apareció por esa puerta, la que dá a la cocina. Yo estaba tomando unos mates:
-Yo estaba allí donde está ud sentado, el apuntó y pum!!!cinco tiros, uno me dió en la cabeza de resfilón y otro en el pecho.
Ahora vemos en primer plano una fotografía, está al lado del chino y dos niños.
-No perdió el conocimiento?
-Nó, pude ver como se disparaba tratando de matarse, entonces me envolví con el mantel, estaba en camisón.
La voz es calma, ensayada
-La familia, dice cuando volvemos a la foto, luego vemos una en la que están los dos recién casados. El con su pelo largo , petiso y trajeado.
-Entonces me llevaron al Evita y me curaron.
-Y usted lo perdonó?
-Y...sí, sabe qué? tengo las radiografías que me tomaron.
Vá hacia un armario y retira un sobre. El periodista lo abre y nos muestra el esqueleto de un tórax.
-Ah!!! miren el proyectil.
Una bala fosforece.
-No me la pueden sacar, dice, es peligroso.
-Lo que es el amor exclama, el periodista.
Luego nos cuenta la mujer gorda que el Chino está preso y quedan con el periodista en visitarlo en la cárcel.
miércoles, 21 de octubre de 2009
viernes, 16 de octubre de 2009
La hora del cierre
En el Tribuno de Salta, único medio gráfico, en la última página y de forma breve, escribe un periodista con el seudónimo de tombolito. Pequeñas historias a veces reales a veces inventadas, hace un breviario agradable, liviano y profundo. Siempre están allí, anécdotas, referencia a los santos, una frase célebre, dicha al pasar nos deja vagando en medio del día.
La noche es el momento para inventar una historia, el maestro Tombolito las diseña a gusto y placer.
-Ya está, dice todas las madrugadas.
Es una especie admirable de escritor silencioso.
La noche es el momento para inventar una historia, el maestro Tombolito las diseña a gusto y placer.
-Ya está, dice todas las madrugadas.
Es una especie admirable de escritor silencioso.
martes, 13 de octubre de 2009
Un buscador de belleza
Provinciano, autor del Viento Blanco, se dirige a un auditorio en el Jockey Club de Buenos Aires:"Vosotros estais realizando un tipo humano soberbio; el argentino del futuro; yo represento un viejo tipo, retardado quizá, que se viene cimbreando en la sangre de mis venas, desde el fondo de mi raza. Vosotros sois alegres, optimistas, afirmativos; yo soy arcaico, lento, huraño, inactual. Por eso no he pedido a la existencia más que una ínfima parte de sol y de alegría, no he reclamado a la tierra más que un rincón estrecho donde vivir y morir; no he pedido a la sociedad de de mis coterráneos más que un poco de soledad y aislamiento. No soy pues, ni literato, ni retórico, ni sociólogo, sono esta cosa sencilla y casi triste: un buscador de belleza en el paisaje natal y en las almas ingenuas de mis comprovincianos; y si quereis, un poeta"
Juan Carlos Dávalos 1921
Juan Carlos Dávalos 1921
El sábado
Yo ví a Frankestein
bajo la lluvia
arrimar su enorme pie
al cuero mojado
de una vaca maltratada
un gordo dando panzazos
sobre el pasto maldecido
el diluvio sobre el asombro
excorsismo breve
para tanto demonio suelto
palermo elefante inacabable
aporreador inconciente
postergaste por un rato
nuestra muerte
bajo la lluvia
arrimar su enorme pie
al cuero mojado
de una vaca maltratada
un gordo dando panzazos
sobre el pasto maldecido
el diluvio sobre el asombro
excorsismo breve
para tanto demonio suelto
palermo elefante inacabable
aporreador inconciente
postergaste por un rato
nuestra muerte
viernes, 25 de septiembre de 2009
Simon
Simon de samosata no era descuidado. Para nada, su biblioteca tenía un orden estricto. Los libros estaban dispuestos de izquierda a derecha de arriba hacia abajo. El orden tenía una lógica que correspondía exactamente a como había leído, su primer libro "el tigre de la malasia, estaba en lo alto a la izquierda" bastaba con mirar el lomo y el título para que simón recordara las aventuras de Sandokán y su amigo Yañez, trescientos libros adelante había un ensayo sobre Salgari, también recordaba que el autor nunca había viajado a la india, luego de un momento de perplejidad se alegró por la imaginacíon del autor italiano.
Vivía sólo en una cabaña y sólo salía de la misma para viajar a la ciudad a comprar libros y comida en abundancia.
La comida, se cosume con mis lecturas, decía con orgullo cuando charlaba con su amigo Oscar, librero que a veces invitaba a comer a su casa.
Así, por orden de lectura simón recordaba aspectos de su vida. Las Flores del Mal le recordaban a Eleonor, era el libro setecientos cincuenta " o tus lecturas o yo", le había dicho esa tarde interrumpiendo sus lecturas de Ovidio, la metamorfosis, el levantó los ojos y escuchó el portazo.
Estaba leyendo, El hombre sin atributos, cuando se enteró del golpe de estado, así que entre el libro dos mil ciento cincuenta y el dos mil cuatro veinte se las pasó leyendo novelas policiales.
Así se conformaba la biblioteca, tuvo que ampliar la casa de izquierda a derecha, por suerte el terreno era plano y había calculado que moriría en el número diecisiete mil once.
El libro que estaba leyendo no le gustaba demasiado, es que aquella vez no estaba Oscar y la señorita que lo atendió le había vendido un betseller. Ya en la primera página, Simón adivinaba el final, pero debía cumplir el mandato. Al terminarlo, con fastidio lo colocó en su lugar correspondiente. Tenía algo de sueño y se acostó a dormir.
Soñó como siempre relaciones de sus lecturas, un cuento de Borges, tal vez nunca escrito, era una biografía breve sobre el autor del libro de arena, escuchó la voz de un poeta recitando "el verso que me falta", sherezade, las mil y una noches y en lo más profundo vió su biblioteca. Sus libros se entremezclaban, enojados por la compañía del último libro. Si el orden cambiaba, soñó que soñaba, todo su ser se desintegraría y ya no sería él al despertarse, hizo el esfuerzo y se despertó.
Entró a la biblioteca, tomó el último libro y lo arrojó al fuego sin tristeza:
Vivía sólo en una cabaña y sólo salía de la misma para viajar a la ciudad a comprar libros y comida en abundancia.
La comida, se cosume con mis lecturas, decía con orgullo cuando charlaba con su amigo Oscar, librero que a veces invitaba a comer a su casa.
Así, por orden de lectura simón recordaba aspectos de su vida. Las Flores del Mal le recordaban a Eleonor, era el libro setecientos cincuenta " o tus lecturas o yo", le había dicho esa tarde interrumpiendo sus lecturas de Ovidio, la metamorfosis, el levantó los ojos y escuchó el portazo.
Estaba leyendo, El hombre sin atributos, cuando se enteró del golpe de estado, así que entre el libro dos mil ciento cincuenta y el dos mil cuatro veinte se las pasó leyendo novelas policiales.
Así se conformaba la biblioteca, tuvo que ampliar la casa de izquierda a derecha, por suerte el terreno era plano y había calculado que moriría en el número diecisiete mil once.
El libro que estaba leyendo no le gustaba demasiado, es que aquella vez no estaba Oscar y la señorita que lo atendió le había vendido un betseller. Ya en la primera página, Simón adivinaba el final, pero debía cumplir el mandato. Al terminarlo, con fastidio lo colocó en su lugar correspondiente. Tenía algo de sueño y se acostó a dormir.
Soñó como siempre relaciones de sus lecturas, un cuento de Borges, tal vez nunca escrito, era una biografía breve sobre el autor del libro de arena, escuchó la voz de un poeta recitando "el verso que me falta", sherezade, las mil y una noches y en lo más profundo vió su biblioteca. Sus libros se entremezclaban, enojados por la compañía del último libro. Si el orden cambiaba, soñó que soñaba, todo su ser se desintegraría y ya no sería él al despertarse, hizo el esfuerzo y se despertó.
Entró a la biblioteca, tomó el último libro y lo arrojó al fuego sin tristeza:
miércoles, 23 de septiembre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
Mi primo Juan
Las manos no correspondían con ese cuerpo macizo, algo pequeñas y blancas, manos para escribir y soñar, para suavizar palabras . Me recordaban a las manos dibujadas por Miguel Angel, ese índice de Adán, tocando el botón, el timbre que nos abre la puerta del cielo. La camisa blanca arremangada hasta la mitad del antebrazo, camisa de vestir, de primer traje que intercambiaba con su primohermano Jaime para las fiestas de quince, aunque Jaime fuera un poco más flaco y alto tan buen mozo como él, al decir de sus admiradoras, más ligero wing tres cuartos, hábil para esquivar la torpeza del tackle. Juan en cambio era el ala, el que se arrastraba rompiendo piernas, el que terminaba con las rodillas embarradas. Pero Juan era el más grande, el propietario del nombre de mi abuelo, porque era el mayor de los primos. Cuando surge su nombre, se me aparece él y su ser se transforma en algo que uno quiere contar y no puede del todo una imposibilidad técnica de relatarlo porque era más en sí mismo en su invisibilidad que en la descripción de sus apariciones.
"No es nada tía", le decía a mi madre, tenía la frente ensangrent:.ada" fué solo un tronco que estaba bajo el agua", porque el río había crecido demasiado ese enero en Salta, después de Reyes, cuando la casa se llenaba de primos y nos íbamos al río y los más valientes se tiraban desde un árbol, de cabeza, en un concurso de temeraria inconciencia. Desde lo más alto Juan se tiró al pozo sin sopesar el peligro, dijo Jaime, ese río que parecía tan manso antes de la lluvia, ahora bajaba banda a banda hachando los costados, arrastrando troncos y piedras y todo se mezclaba bajo el agua chocolate, todo lo posible.
Después de estar entre primos, en unos pocos días, Juan se mimetizaba en una totalidad donde nos mezclábamos hasta conformar una banda de poetas improvisados. En la casa, que llamábamos la veinte, porque éstaba en la calle 20 de febrero, estaba la matriz, allí las paredes transpiraban un lenguaje propio, que intentabamos descifrar en el crujido de la pinotea las noches de insomnio donde alguien creía ver fantasmas y aparecidos. Donde las mariposas nocturnas chocaban contra el cieloraso.
Tras algunos años, ya en Buenos Aires, fuimos a veranear a Pinamar, en el auto lleno ; Juan iba sentado en el asiento de atrás. LLegamos la madrugada del primero de año, en plena sudestada, fuimos directamente a la playa a ver el amanecer, todo era de arena y viento, y el mar bramaba. Juan en calzoncillos, corrió y se hundió entre las olas desapareciendo por un rato, luego regresó hacia nosotros, como el Bautista dijo mi padre, loco y sagrado.
Hay dispersas en mi memoria visiones de Juan Carlos, cómo trataba a su madre de tú, él que trató de comprender la historia de amor de su madre con el hermano de su padre. Epoca en que formaban una curiosa familia entre primos hermanos, mezclados en el caldo espeso de esa historia densa digna de un relato shakespiarano y sin embargo todo sucedía como si la normalidad adquiriera otras formas, tan diferente a las convicciones burguesas.
-Hola primo, me saludó desde la calle, era noviembre del 74, su rostro envuelto por la lluvia, yo estaba sentado junto a la ventana en el café La Paz, eran como las 11 de la mañana, tenía la cabeza cubierta por un anorak azul. Entró, nos abrazamos, ahora ya era de su tamaño y sentí el olor inconfundible de su cuerpo, olor de par, de la inconciencia de la sangre. Le comenté "Bizancio como un flojo cognac dentro de mí", Vallejos, dijo y se sentó quizá de tal modo como si por primera vez me viera , como si siempre hasta allí, me recordara mezclado entre los demás primos. Observé sus manos, allí sobre , la mesa, intactas y blancas .
Me acuerdo, me dijo, cuando vimos la Ni Vencedores ni vencidos , el despelote y la esperanza, fué hace menos de un año y ya todo está tan desgastado. Tenés que ver Aguirre, es increíble el comienzo es tan hermoso y triste ese final, ese Kinsky mounstruoso y solo, sabés primo? los Dávalos tenemos algo de eso, era fines del milquinientos estaba loco y remonta el Amazonas buscando la ciudad del oro. la mayoria de los actores son aborígenes vestidos de europeos, irrisorios y reales. Es la esencia de la conquista y de la locura de nuestros antepasados, al final llega a la desembocadura del Amazonas en una balsa llena de ratas pero no lo sabe.Este Herzog es inmenso, creo que me dijo .
-La veré, te lo prometo, luego hablamos de mi hermano, Balta está loco le dije
-Todos lo estamos, querido primo.
Quedamos en silencio mirando la lluvia cómo caía sobre el pavimento de corrientes, más allá del kiosco y de nosotros.
Unos días después mi primo fué asesinado por la triple A.
"No es nada tía", le decía a mi madre, tenía la frente ensangrent:.ada" fué solo un tronco que estaba bajo el agua", porque el río había crecido demasiado ese enero en Salta, después de Reyes, cuando la casa se llenaba de primos y nos íbamos al río y los más valientes se tiraban desde un árbol, de cabeza, en un concurso de temeraria inconciencia. Desde lo más alto Juan se tiró al pozo sin sopesar el peligro, dijo Jaime, ese río que parecía tan manso antes de la lluvia, ahora bajaba banda a banda hachando los costados, arrastrando troncos y piedras y todo se mezclaba bajo el agua chocolate, todo lo posible.
Después de estar entre primos, en unos pocos días, Juan se mimetizaba en una totalidad donde nos mezclábamos hasta conformar una banda de poetas improvisados. En la casa, que llamábamos la veinte, porque éstaba en la calle 20 de febrero, estaba la matriz, allí las paredes transpiraban un lenguaje propio, que intentabamos descifrar en el crujido de la pinotea las noches de insomnio donde alguien creía ver fantasmas y aparecidos. Donde las mariposas nocturnas chocaban contra el cieloraso.
Tras algunos años, ya en Buenos Aires, fuimos a veranear a Pinamar, en el auto lleno ; Juan iba sentado en el asiento de atrás. LLegamos la madrugada del primero de año, en plena sudestada, fuimos directamente a la playa a ver el amanecer, todo era de arena y viento, y el mar bramaba. Juan en calzoncillos, corrió y se hundió entre las olas desapareciendo por un rato, luego regresó hacia nosotros, como el Bautista dijo mi padre, loco y sagrado.
Hay dispersas en mi memoria visiones de Juan Carlos, cómo trataba a su madre de tú, él que trató de comprender la historia de amor de su madre con el hermano de su padre. Epoca en que formaban una curiosa familia entre primos hermanos, mezclados en el caldo espeso de esa historia densa digna de un relato shakespiarano y sin embargo todo sucedía como si la normalidad adquiriera otras formas, tan diferente a las convicciones burguesas.
-Hola primo, me saludó desde la calle, era noviembre del 74, su rostro envuelto por la lluvia, yo estaba sentado junto a la ventana en el café La Paz, eran como las 11 de la mañana, tenía la cabeza cubierta por un anorak azul. Entró, nos abrazamos, ahora ya era de su tamaño y sentí el olor inconfundible de su cuerpo, olor de par, de la inconciencia de la sangre. Le comenté "Bizancio como un flojo cognac dentro de mí", Vallejos, dijo y se sentó quizá de tal modo como si por primera vez me viera , como si siempre hasta allí, me recordara mezclado entre los demás primos. Observé sus manos, allí sobre , la mesa, intactas y blancas .
Me acuerdo, me dijo, cuando vimos la Ni Vencedores ni vencidos , el despelote y la esperanza, fué hace menos de un año y ya todo está tan desgastado. Tenés que ver Aguirre, es increíble el comienzo es tan hermoso y triste ese final, ese Kinsky mounstruoso y solo, sabés primo? los Dávalos tenemos algo de eso, era fines del milquinientos estaba loco y remonta el Amazonas buscando la ciudad del oro. la mayoria de los actores son aborígenes vestidos de europeos, irrisorios y reales. Es la esencia de la conquista y de la locura de nuestros antepasados, al final llega a la desembocadura del Amazonas en una balsa llena de ratas pero no lo sabe.Este Herzog es inmenso, creo que me dijo .
-La veré, te lo prometo, luego hablamos de mi hermano, Balta está loco le dije
-Todos lo estamos, querido primo.
Quedamos en silencio mirando la lluvia cómo caía sobre el pavimento de corrientes, más allá del kiosco y de nosotros.
Unos días después mi primo fué asesinado por la triple A.
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