hoy es hoy
o son los ayeres
pàjaros ciegos
frente a la ventana
mendigos que no saben
el monto de la propina
hoy es hoy
y entonces no hay forma
de describir
una espalda
o un chantaje
la cotizaciòn de tu dolor
que no es un dolar
sino migajas de tu alma
hoy es hoy
ya no importa el ayer
dijo tu hermano
que nunca fue
ilusion de lo que te propones
algun fragmento inolvidable
como ese tipo
que limpia el parabrisas
de ese auto que no es tuyo
y con las monedas
recurre a la leche
que han de beber sus hijos
que llotran bajo los plàtanos
de la plaza lavallle
hoy no es hoy
los diarios venciidos
se venden
para que puedan
envolver un kilo de papas
martes, 26 de marzo de 2013
canillas
canilla abierta
insisto en el esfuerzo
primero
esta el gesto
de cerrarte en silencio
mas no importa
la insistencia
perfora los oìdos
e impide el sueño
me levanto
es medianoche
apenas he vestido un sueño
y ahì estàs sonando lento
como un reloj
de lo incumplido
entonces me levanto
y voy tan lejos
a impedir tu llanto
que en cerrarte me esmero
pero es imposible
este goteo
que es el tiempo
memoria de ayeres
y hasta de lo que no recuerdo
como ese goteo
lento
del patio ausente
donde esbocè
los primeros tiempos
y esta gota
es mi sangre
que cae en la penumbra
de mis ayeres
a los que a veces
llorando regereso
insisto en el esfuerzo
primero
esta el gesto
de cerrarte en silencio
mas no importa
la insistencia
perfora los oìdos
e impide el sueño
me levanto
es medianoche
apenas he vestido un sueño
y ahì estàs sonando lento
como un reloj
de lo incumplido
entonces me levanto
y voy tan lejos
a impedir tu llanto
que en cerrarte me esmero
pero es imposible
este goteo
que es el tiempo
memoria de ayeres
y hasta de lo que no recuerdo
como ese goteo
lento
del patio ausente
donde esbocè
los primeros tiempos
y esta gota
es mi sangre
que cae en la penumbra
de mis ayeres
a los que a veces
llorando regereso
desguace
extrañeza
de maniquíes desnudos
de colectivos vacíos
de barcos hundidos
amarrados con lo que les queda
entre los lobos marinos
alguna gaviota
que no es la misma
sobre las redes replegadas
ya los peces se han ido
y los marineros hacen nudos
que solo ellos conocen
tatuados los brazos
en amores perdidos
te compraré flores
en la pradera azul verdosa
más allá de donde vengo
y las estelas invisibles
guardan las huellas
de los primeros barcos
como este que se desangra
chorreando herrumbre
devastado herido para siempre
extrañeza de naúfragos
me empacharé de sueños
de maniquíes desnudos
de colectivos vacíos
de barcos hundidos
amarrados con lo que les queda
entre los lobos marinos
alguna gaviota
que no es la misma
sobre las redes replegadas
ya los peces se han ido
y los marineros hacen nudos
que solo ellos conocen
tatuados los brazos
en amores perdidos
te compraré flores
en la pradera azul verdosa
más allá de donde vengo
y las estelas invisibles
guardan las huellas
de los primeros barcos
como este que se desangra
chorreando herrumbre
devastado herido para siempre
extrañeza de naúfragos
me empacharé de sueños
martes, 19 de febrero de 2013
La penùltima cerveza
Limpios de polvo y paja llegamos a Cafayate hay que buscar un hotel donde refrescarnos, bajo la ducha limpiar las impurezas, dejar que el agua chorree sobre nuestro cansancio es lindo y poètico estar aquì, con los bolsos vaciados prolijamente en el ropero. Despuès de un regateo conseguimos una linda habitaciòn de un tercer piso, si corremos las cortinas podemos ver una piscina, unas sombrillas, y alguno que otro pasajero intentar un largo que por la altura nunca llega.
Gerardo es el que mantiene la pileta, en una pequeña entrevista nos enteramos que es porteño y que hace veinte años que vive allì.
-y aquì he de quedarme- nos dice mientras acaricia un pequeño cooquer- este es mi lugar en el mundo, me encargo de mantener limpia la pileta y de la confiterìa y de saborear los buenos vinos.
En la confiterìa a pesar de ser las once de la mañana podemos ver una mesa que guarda los restos de una noche, migas de pan, botellas vacìas, moscas que se asientan sobre lo que fuera acaso una ensalada.
Un poco raro todo esto, nos decimos con mi mujer y emprendemos una caminata de seis kilòmetros de subida hacia el rìo Colorado, nos divertimos hasta que las piedars nos duelen es un viaje entre viñedos y nos pasan algunos ciclistas agotados.
Marina, mi mujer, les dice que falta menos y me comenta el engaño hacia esta pobre gente, andar en bicicleta mientras el valle a nuestras espaldas se extiende cada vez màs lejano. Le digo que es una especialidad de los lugareños y discutimos si en Sorrento pasa lo mismo, al final concluimos que sì, que el extranjero està preparado para las excentricidades.
Despuès de dos horas de forzosa caminata llegamos a la quebrada del cerro colorado. Atravesamos un futuro Country que ha de construir un antiguo y quebrado bodeguero hay una casa en ruinas Belle Epoque que se constituirà, creo en el club house, tambièn un muchacho que azota un caballo.
Cosas de la globalizaciòn, grandes hoteles para que vengan inversores a comer LLamas y otras especies en extinciòn y rìos llenos de truchas que han de ser arrasados mientras botellas de Jack Daniels, sin ningùn mensaje han de bajar navegando hacia el rìo Calchaquì.
Ahora estamos en el cuarto y nos disponemos a comer en la confiterìa junto a la romàntica pileta. Es temprano aùn y las mesas estàn vacìas saalvo una en la que està sentado Edgardo junto a un grupo de personas. Hay demasiadas botellas para los componentes.
-Que van a querer
-que nos recomienda...
-todo lo que està en la carta
Elegimos un bifecito de chorizo y una milanga.
-soy enterriano y me enamorè de cafayate- nos dice el mozo que no tendrà màs de cincuenta el pelito blanco y unos pocos dientes- mejor dicho de una cafayateña.
Và y viene, se desempeña con la soltura de un veterano ,de vez en cuando mira a Edgardo que bebe en la mesa del fondo que parece entregado a la bebida. Ahora se despiden y Gerardo el encargado bamboleante se dirige al parque y se derrumba en una silla con una botella de cerveza.
El mozo mientras nos muestra la cuenta lo mira a travès de la ventana.
-y cuando no trabajo acà dirijo la orquesta del pueblo- nos dice- me llamo Oscar.
-bueno hasta mañana nos decimos.
Ya desde el cuarto miramos por la ventana, bajo una sombrilla Edgardo y Oscar beben abrazados su penùltima cerveza.
Gerardo es el que mantiene la pileta, en una pequeña entrevista nos enteramos que es porteño y que hace veinte años que vive allì.
-y aquì he de quedarme- nos dice mientras acaricia un pequeño cooquer- este es mi lugar en el mundo, me encargo de mantener limpia la pileta y de la confiterìa y de saborear los buenos vinos.
En la confiterìa a pesar de ser las once de la mañana podemos ver una mesa que guarda los restos de una noche, migas de pan, botellas vacìas, moscas que se asientan sobre lo que fuera acaso una ensalada.
Un poco raro todo esto, nos decimos con mi mujer y emprendemos una caminata de seis kilòmetros de subida hacia el rìo Colorado, nos divertimos hasta que las piedars nos duelen es un viaje entre viñedos y nos pasan algunos ciclistas agotados.
Marina, mi mujer, les dice que falta menos y me comenta el engaño hacia esta pobre gente, andar en bicicleta mientras el valle a nuestras espaldas se extiende cada vez màs lejano. Le digo que es una especialidad de los lugareños y discutimos si en Sorrento pasa lo mismo, al final concluimos que sì, que el extranjero està preparado para las excentricidades.
Despuès de dos horas de forzosa caminata llegamos a la quebrada del cerro colorado. Atravesamos un futuro Country que ha de construir un antiguo y quebrado bodeguero hay una casa en ruinas Belle Epoque que se constituirà, creo en el club house, tambièn un muchacho que azota un caballo.
Cosas de la globalizaciòn, grandes hoteles para que vengan inversores a comer LLamas y otras especies en extinciòn y rìos llenos de truchas que han de ser arrasados mientras botellas de Jack Daniels, sin ningùn mensaje han de bajar navegando hacia el rìo Calchaquì.
Ahora estamos en el cuarto y nos disponemos a comer en la confiterìa junto a la romàntica pileta. Es temprano aùn y las mesas estàn vacìas saalvo una en la que està sentado Edgardo junto a un grupo de personas. Hay demasiadas botellas para los componentes.
-Que van a querer
-que nos recomienda...
-todo lo que està en la carta
Elegimos un bifecito de chorizo y una milanga.
-soy enterriano y me enamorè de cafayate- nos dice el mozo que no tendrà màs de cincuenta el pelito blanco y unos pocos dientes- mejor dicho de una cafayateña.
Và y viene, se desempeña con la soltura de un veterano ,de vez en cuando mira a Edgardo que bebe en la mesa del fondo que parece entregado a la bebida. Ahora se despiden y Gerardo el encargado bamboleante se dirige al parque y se derrumba en una silla con una botella de cerveza.
El mozo mientras nos muestra la cuenta lo mira a travès de la ventana.
-y cuando no trabajo acà dirijo la orquesta del pueblo- nos dice- me llamo Oscar.
-bueno hasta mañana nos decimos.
Ya desde el cuarto miramos por la ventana, bajo una sombrilla Edgardo y Oscar beben abrazados su penùltima cerveza.
llegamos
parece que hemos llegado
despuès de tanto camino
està la casa la morera
el zumbido y los rumores del cerro
el cementerio donde yacen los nombres olvidados
alguna flor marchita se niega a morir
bajo el sol del verano
la abejas tejen la trama geomètrica
de su destino laborioso
y està el cielo tan intacto
como aquella tarde
cuendo enterraste a tu hermano
parece que hemos llegado
en este viaje inverso
en el que tu corazon se me escapa
hemos llegado
es solo un momento
que algun dìa hemos
de recordarlo
despuès de tanto camino
està la casa la morera
el zumbido y los rumores del cerro
el cementerio donde yacen los nombres olvidados
alguna flor marchita se niega a morir
bajo el sol del verano
la abejas tejen la trama geomètrica
de su destino laborioso
y està el cielo tan intacto
como aquella tarde
cuendo enterraste a tu hermano
parece que hemos llegado
en este viaje inverso
en el que tu corazon se me escapa
hemos llegado
es solo un momento
que algun dìa hemos
de recordarlo
rio la caldera
el agua
extraña variacion
de sentimientos
que el rìo trae
azulada se repite
en el cielo claro
hondura de la quebrada
queja lenta
del alma que se entretiene
y que se aleja
màs allà de su bùsqueda
de un mar que se niega
y nos quedamos quietos
mientras las piedras
ahuecan su llanto
de niñas abandonadas
es su destino
ellas saben que arriba llueve
y se esconden
del ineludible torrente
que ha de llegar
como la muerte
silenciosa
mientras los relàmpagos
el cielo hieren
extraña variacion
de sentimientos
que el rìo trae
azulada se repite
en el cielo claro
hondura de la quebrada
queja lenta
del alma que se entretiene
y que se aleja
màs allà de su bùsqueda
de un mar que se niega
y nos quedamos quietos
mientras las piedras
ahuecan su llanto
de niñas abandonadas
es su destino
ellas saben que arriba llueve
y se esconden
del ineludible torrente
que ha de llegar
como la muerte
silenciosa
mientras los relàmpagos
el cielo hieren
miércoles, 30 de enero de 2013
murcielagos
sin ojos
entre la persiana
que no podemos cerrar
nos observan
objetos fosforescentes
nuestros cuerpos sobre la cama
como linternas
que se mecen a la deriva
acaso nuestra sangre
huela a jazmines
no se atreven
a entrar
esperan un final favorable
un desenlace antes que el sol
crezca sobre el río
que nuestras pupilas
se enciendan
recien salidas del cine
has visto el día
antes de tiempo
pero los hueles
como un animal
acaso solo quepan
en un puño
con las alas replegadas
solo existan sus huellas
en la ventana
entre la persiana
que no podemos cerrar
nos observan
objetos fosforescentes
nuestros cuerpos sobre la cama
como linternas
que se mecen a la deriva
acaso nuestra sangre
huela a jazmines
no se atreven
a entrar
esperan un final favorable
un desenlace antes que el sol
crezca sobre el río
que nuestras pupilas
se enciendan
recien salidas del cine
has visto el día
antes de tiempo
pero los hueles
como un animal
acaso solo quepan
en un puño
con las alas replegadas
solo existan sus huellas
en la ventana
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