viernes, 6 de agosto de 2010

ascensores descendentes


sube
lleva
un dos tres
luz amarilla
miramos
pasajeros
penùltimo viaje
la puerta se abre
salimos
el ascensor
se rìe en silencio
ahora pasa
lleno
de imaginarios
seres
el golfista
la sirvienta
que baja la mirada
a la señora
perfumada
algùn dìa
lavò sin asco
sus secas bombachas
hay ascensores
que suben
hasta las nubes
llevan a los mejores
los descensores
al fin se detienen
te llevan
en un ùltimo
viaje
hacia el subsuelo

jueves, 5 de agosto de 2010

musica de fondo


en el sueño
en el abrir los ojos
en los recuerdos
en la pausa
en la prisa
en el oido
y el silencio
en el camino
y los adioses
en la noticia
y el diagnóstico
en los estadios
en los cables sueltos
en la soledad
y en la espera
en la ignorancia
y la duda
en la abundancia
y la pena
música de fondo

miércoles, 4 de agosto de 2010

van gogh


viste los soles
y el azul
las nubes
la cúpula
de las iglesias
la noche
y lo áspero
de lo amarillo
el contorno
grueso
de tu alma
viste dime
qué
qué más
que los poetas
y los ciegos
una oreja
que escuchaba
el silencio
una pipa
que se fumaba
la vida
viste el mañana
y viste el siempre
pintor
pintor
pintor

Milagro de Navidad


El viejo de nuestro amigo estaba muerto. Era un 25 de diciembre a la madrugada y lo habían encontrado en la cama. El viejo de nuestro amigo era una abogado sacapresos.
-Como anda el camarada?
Preguntaba mi padre por el padre de mi amigo. Eran los setenta en Salta y ese invierno estuvieron Allende y Lanusse en la ciudad. Al cano lo llevaron con cálculos en la vesícula producto de una ingesta exagerada de carne y Casillero del Diablo. Aún el crimen de la moneda estaba lejos, aún las discusiones eran meros contrapuntos, aún todo se arreglaba con un apretón de manos.
Ahora, después de los cohetes, don Carlos Papi, abogado y comunista, estaba muerto. Don Carlos hijo de Arístines Papi, pintor florentino, yacía en su cama con las sábanas tan rojas de sangre, como sus deseos. Su corazón se darramó por su boca y falleció en silencio.
Recuerdo la tristeza de nuestro amigo y la rápida lucidez de todos nosotros y la convocatoria improvisada y la multitud de los abrazos.
En esa esquina, ya entrada la noche nos reunimos con una botella de ginebra. La bebimos despacio, boca a boca, trago a trago.
Fué aquella noche en que arrojé mi pucho como si fuera un naipe, bajo los faroles en medio de la calle. Voló desde mis dedos, dibujando en el aire un giro brasoso y perfecto. Aterrizó exacto y humeante, vertical como si alguien lo hubiera cuidadosamente puesto.
No puedo olvidar la colilla, así, como si Dios la hubiera colocado de adrede, milagrosa y extraña.

algo se escurre

plin plin
gota
que cae
agua o sangre
plin plin
se llena
el balde
en alguna parte
plin plin
algo se escurre
dentro de Tí

sin ton ni son

andar
como el sol
o la sombra esquiva
sin ton ni son
por la vida
el tiempo
ocurre
sin ton ni son
indiferente
hasta que un día
se apague
tu respiración
escribir
sin ton ni son
algo
y sin razón
mirar la lluvia
desde el balcón
o cerrar los ojos
para ver
lo que pasa
sin ton ni son

lunes, 2 de agosto de 2010

recuperación


qué bien
te veo ahora
no parece
que hubieras llorado
tan cerca del abismo
qué bien
ese brillo en tus ojos
y tus bellas palabras
sobre las cosas nuevas
el otro
se ha quedado
en casa
envuelto en su tristeza
qué bien
aunque mañana
o dentro de un rato
te mueras